LA RELATIVIDAD DE LOS TIEMPOS: La esencia de la vida.

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Que diferente puede ser la percepción de los tiempos según las personas y el momento en el que se hallen. En una cuestión tan sencilla, se hallan la esencia de lo cualitativo y lo cuantitativo, la esencia del tiempo humano y del tiempo que disponemos para vivir. Es la relatividad de los tiempos, es la propia experiencia y esencia de la vida de cada una de las personas.

Son tanto los sentidos que recibe nuestro cerebro de la rutina diaria, que no es posible albergar todos los estímulos que percibimos de nuestra interacción con el entorno. Sólo aquellos momentos que significaron algo diferente, especial, que “hicieron volar nuestro tiempo” o “detuvieron el paso de nuestro tiempo”  son los que recordamos y almacenamos en nuestra memoria con más claridad y calidad de detalles. Es fundamental vivir el presente, pero igual de crucial es no olvidar el camino por dónde hemos venido, aquellas experiencias y recuerdos que han moldeado nuestra persona en el presente. Y, sobre todo, aquellas experiencias que nos hicieron crecer como persona, sean buenas o malas según nuestras propias motivaciones e intereses.

Cuantitativamente, desde una perspectiva objetiva, sesenta minutos son sesenta minutos. Sin embargo, el tiempo es tan frágil  que cuando más lo disfrutamos es cuando más se escapa de nuestras manos, al igual que la arena de playa escapa en nuestros dedos. El primer beso de una joven, el atardecer de una primavera, el abrazo de un amigo, el calor de una agradable conversación, los dedos entrecruzados de una pareja que pasean hablando de un futuro cargado de ilusiones, el nacimiento de un hijo, hacer el amor bajo un cielo estrellado.

Y, al contrario, cuanto más deseamos disponer de nuestro tiempo, cuando más secuestrados entendemos que está nuestro tiempo, éste escapa tan lentamente de nuestra percepción que parecen eternidades esos sesenta minutos. Y es que, nadie está a salvo de que “prevariquen con su tiempo”. Esta cuestión, normalmente es adyacente a figuras de poder impuestas por la historia y cultura del territorio: una persona mayor, un o una ponente, un profesor/a, un padre y/o madre, un político, un patriarca o “cabecilla”, una matriarca, una autoridad religiosa, etc.

Todas estas cuestiones, a pesar de su parte cuantitativa, siempre estarán sujetas a la visión egocéntrica de la persona. Y, a su vez, precisamente lo cualitativo del tiempo hace que cada día sea una nueva aventura en busca de esos minutos inolvidables que volaron de nuestras manos. El sabor y regusto de aquellos segundos inolvidables es lo que realmente cuenta para nosotros. Nada más que por ello, merece la pena seguir luchando por tener un nuevo amanecer cargado de esperanzas.

Por ello, os deseo un feliz regreso a las labores de vuestra rutina. Pero sobre todo, lo que deseo es que paséis vuestro tiempo de la manera más feliz que sepáis.

¡Que vuele vuestro tiempo!

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